sábado, 20 de octubre de 2012

México 2012: Perspectivas de Reestructura Política y Económica para la Equidad Social

Durante la primera década de este siglo el PIB real de México creció a una tasa promedio anual de solo 1.86 por ciento, que contrasta no sólo con el crecimiento logrado la última década del siglo pasado que fue de 3.53% promedio anual, sino que también ha resultado inferior al crecimiento de América Latina y el Caribe (3.36%) y a los principales países emergentes: Brasil (3.60%), Chile (3.74%), China (10.48%), India (7.78%) y Rusia (4.88%).
De acuerdo a la OCDE, el lento crecimiento de la economía de nuestro país ha causado un deterioro en la productividad del país; principalmente por el incremento masivo del subempleo en el sector terciario de la economía, reflejado en la caída de la participación del empleo asalariado en el total de la fuerza de trabajo y en el incremento en el tamaño del sector informal, compuesto principalmente de las actividades de baja productividad del sector servicios.
Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, proporcionan el panorama real del mercado laboral mexicano al segundo trimestre de 2011, los cuales confirman los hallazgos de la OCDE: la Población Económicamente Activa (PEA) asciende a 48.9 millones, de los cuales el 94.8% estaban ocupados y el 5.2% estaban desocupados; el 35% de los ocupados percibieron hasta 2 salarios mínimos, mientras que el 39% recibieron más de 2 y hasta 5 salarios mínimos; sólo el 35% de los ocupados estaba afiliado a la seguridad social y en lo que se refiere a la informalidad, la tasa de ocupación en el sector informal fue de 28.9%.
3.8 millones de la población estaba subocupada y 57% de estos se encontraban en el sector terciario; además del total de subocupados el 33% tiene secundaria completa y el 22% tiene educación medio superior y superior; mientras que, de los 2.6 millones de desempleados el 36% tiene secundaria completa y el 35% tiene educación medio superior y superior.
Al analizar la participación de la población ocupada en los sectores económicos del país y su nivel de productividad, se obtiene una radiografía más completa de la situación actual en materia de empleo:
  • El sector primario contribuye con el 4.1% del PIB y el 14% del empleo, la productividad promedio del trabajo en el segundo trimestre de 2011 fue de 91.1 miles de pesos.
  • El sector secundario contribuye con el 35.2% del PIB y el 24% del empleo, su productividad promedio fue de 441.5 miles de pesos por trabajador.
  • El sector terciario contribuye con el 59.6% del PIB y el 62% del empleo, la productividad promedio del trabajo fue de 292.1 mil pesos; aunque el subsector de servicios de alojamiento temporal y de preparación de alimentos y bebidas presenta una productividad muy cercana a la del sector primario con 93.9 mil pesos por trabajador.
El mercado de trabajo en México se encuentra conformado por sectores económicos con marcadas diferencias en sus niveles de productividad, tanto entre los sectores como en su interior, principalmente en el sector terciario; esta situación acentúa el crecimiento económico desigual entre las diferentes actividades económicas, lo que contribuye a perpetuar la falta de equidad en la distribución del ingreso, dada la dependencia de los salarios con el nivel de productividad.
La diferencia en la distribución del ingreso es uno de los mayores problemas de la población mexicana, de acuerdo a datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del INEGI en el 2008, el 50 por ciento de los hogares con menor ingreso recibieron sólo el 19.4% de los ingresos generados ese año, mientras que el 10% de las familias con mayor ingreso recibieron el 36.3%.
El resultado tanto de la estructura del empleo como de la distribución del ingreso se reflejan en los niveles de pobreza que enfrenta nuestro país; de acuerdo a la última medición de la CONEVAL, 52 millones de personas se encontraban en pobreza en 2010, es decir el 48.8% de la población; de los cuales 11.7 millones estaban en pobreza extrema.
Revertir los patrones de pobreza, requiere principalmente reducir la desigualdad en la distribución del ingreso, a partir de un crecimiento económico más acelerado centrado en una estrategia de convergencia productiva. Esta estrategia consiste en el escalamiento productivo de los segmentos rezagados de la economía, a nivel de sectores económicos, industrias, actividades económicas y zonas geográficas; por medio de una política de Estado que asigne recursos prioritarios al incremento sostenido y sostenible de la productividad.
La idea es propiciar un cambio gradual y permanente de la estructura productiva y social del país; a fin de cimentar una sólida base estructural para el crecimiento económico con equidad. Se requiere entonces de una política de desarrollo inclusivo que aglutine bajo un mismo objetivo a las políticas económica, hacendaria, comercial, educativa, científica, tecnológica, regulatoria, agrícola y social; para que todas en conjunto pongan en marcha una serie de incentivos detonadores del desarrollo; la acción del Estado constituye un factor estratégico para formular e instrumentar este enfoque de desarrollo por el alto grado de coordinación y participación requerido de los diferentes actores económicos y sociales.
Insertar a la economía mexicana en una senda de crecimiento elevado y sostenido de la actividad productiva y del empleo con equidad, implica una serie de reformas al marco normativo actual, así como alinear las políticas públicas hacia un objetivo común:
Primero. Una reforma hacendaria, enfocada en reducir los niveles de evasión y elusión, además de robustecer la ejecución oportuna y eficiente del gasto;
Segundo. Una reforma laboral, que de flexibilidad y competitividad al mercado de trabajo.
Tercero. Reformar el sistema educativo, planificar su desarrollo general y reajustar las políticas educacionales, la modernización del sistema educativo estriba en transformar a México en un país rico y competitivo con capacidad de formar recursos humanos para competir en el mercado de trabajo en un mundo globalizado. Resulta imprescindible concatenar los subsistemas de educación técnica, superior y educación continua con las necesidades de los sectores productivos, buscando generar un círculo virtuoso entre la educación, el empleo y el crecimiento económico.
Cuarto. Robustecer la banca de desarrollo, para fortalecer el sistema de intermediación financiera y dinamizar el otorgamiento de crédito a la actividad productiva. Aquí resulta pertinente la puesta en marcha de una política moderna de desarrollo sectorial, incluyendo a la industria, que impulse la innovación, la inversión en nuevas actividades y cadenas productivas locales para incrementar la capacidad de impulso de los sectores más competitivos al resto de la economía.
México tiene el potencial para triplicar su tasa de crecimiento promedio anual, si las políticas públicas se enfocan en garantizar las siguientes condiciones: una reforma institucional eficiente, altas tasas de ahorro e inversión, dinamismo del mercado interno, modernización productiva, intensificación de los procesos de integración económica, entre otros; pero sobre todo: contar con una estructura económica sectorial acorde a las exigencias de la competencia internacional, lo cual requiere personal calificado y altamente competitivo.

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